Benditos chicharrones
23 años sin un incidente importante….
Uno de esos días en los que mi madre freía chicharrones de puerco y yo me deleitaba al comerlos, ocurrió lo probable.
El crujir de mis dientes y muelas al trituras la piel frita del cerdo, se mezcló con el crujido de una de mis muelas al quebrarse .
¡Ah, los chicharrones de mi madre! ¡Qué delicia tan sublime! Cada bocado era una sinfonía de sabores, una explosión de texturas.
Al principio, pensé que mi madre había encontrado una receta nueva, algo así como chicharrones con sorpresa. Pero no, amigos, era mi muela la que había decidido unirse a la fiesta. Ahí estaba, medio bocado de chicharrón y un trozo de muela que me miraba con reproche.
Mi madre, con esa sabiduría infinita y un poco de humor negro, se echó a reír. "Hijo," dijo entre carcajadas, "parece que tus muelas también querían probar el chicharrón." Y ahí estaba yo, con la boca medio llena y la muela medio rota, tratando de decidir si debía reír o llorar.
Decidí reír, porque después de todo, ¿quién puede resistirse a los chicharrones de mamá? Nos pasamos el resto del día riendo y haciendo planes para mi inevitable visita al dentista. Así que ahí lo tienen, 23 años sin un incidente importante y un chicharrón decidió que ya era suficiente tranquilidad.
Y bueno, a partir de entonces, siempre mastico mis chicharrones con un poco más de cuidado. Pero eso sí, nunca dejé de disfrutarlos, porque la vida, como los chicharrones, hay que saborearla aunque a veces nos dé sorpresas crujientes.





"Hay que saborearla"
ResponderEliminarBocado a bocado, ¡a mordidas tambien!
Ya sean sabores dulces, amargos, crujientes, salados,
y guardar en la memoria la sensación que provoca.
¡Me encanta!