Ladridos feroces



Doblando a la izquierda de la calle Vista Alegre, se extendía loma abajo la calle Carmen.

Atrás quedaba la Plaza Roja de La Víbora, Diez de Octubre. 


En la acera de la parte derecha se erigía uno de los  laterales del edificio perteneciente al instituto preuniversitario René Orestes Reiné, más conocido como el de La Víbora.

Justo en esa acera y ocupando gran parte de la esquina se alzaba un muro de piedras que culminaba con una cerca de alambre de una casa enorme .


A continuación, un edificio de diseño y estructura más moderna que el entorno arquitectónico.

En la otra esquina había una casa, en cuyo portal cercado, acechaba , siempre,  un perro pastor alemán enorme y extremadamente agresivo.

Yo le tenía miedo, siempre me asustaba , pero siempre pasaba por ahí.

Sus feroces ladridos nunca hicieron que renunciara a caminar por esa acera.


Lo tenía claro, ni el miedo, ni el susto me apartarían  de mi camino.

En aquel entonces y con menos de diez años estaba pasando mi prueba para enfrentar los miedos y los sustos de la vida.

En aquel entonces no lo sabía.

Ya de adulto lo entendí .

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