La pulpeta de mi madre.
La pulpeta es una receta tradicional cubana que consiste en un rollo de carne picada relleno de jamón y huevo, y luego cocido en salsa.
En la Habana de los años 90, en un pequeño cuarto de la Vibora , Yeya, mi madre, se afanaba en la cocina. Era una tarde calurosa y el aroma de especias y sabores caribeños llenaba el aire.
Estaba preparando una de sus recetas más queridas: la pulpeta. Desde tempranas horas de la mañana, había ido al mercado, sorteando las filas interminables y el racionamiento, buscando los mejores ingredientes para su familia. Con su vestido de flores y su pañuelo rojo atado a la cabeza, irradiaba una energía contagiosa, incluso en medio de las dificultades de la época.
En la cocina, sobre la mesa de madera desgastada, tenía todo listo: carne molida, jamón, huevos, especias y una sartén grande. Empezó mezclando la carne con ajo, cebolla, comino, orégano y un toque de pimienta. Con manos expertas, amasó la mezcla hasta que quedó perfectamente homogénea.
Luego, con una precisión meticulosa, extendió la carne en forma de rectángulo sobre un trozo de papel encerado.
Sobre la carne, dispuso finas lonchas de jamón, cubriendo toda la superficie. En el centro, colocó los huevos duros, alineándolos con cuidado. Luego, empezó a enrollar la carne, formando un cilindro perfecto, asegurándose de que los huevos quedaran bien centrados. Ató el rollo con hilo de cocina, creando una estructura firme que mantendría todo en su lugar durante la cocción.
En una olla grande, preparó la salsa, combinando tomate, pimientos y cebolla con un toque de vino seco, dejándolo hervir a fuego lento hasta que los sabores se amalgamaron en una mezcla deliciosa. Con mucho cuidado, sumergió la pulpeta en la salsa, dejándola cocer lentamente, permitiendo que absorbiera todos los sabores.
Mientras la pulpeta se cocinaba, nuestro hogar se llenó del cálido y reconfortante aroma que solo las recetas tradicionales pueden ofrecer. Finalmente, después de una espera que pareció eterna, sacó la pulpeta de la olla, dejándola reposar unos minutos antes de cortarla en rodajas. Cada trozo mostraba el contraste perfecto entre la carne, el jamón y el huevo, bañados en una rica salsa.
Servida en la mesa, con un acompañamiento de arroz blanco y plátanos maduros fritos, la pulpeta era más que un plato; era un símbolo de amor y perseverancia en tiempos difíciles. sonrió, satisfecha, al vernos disfrutar cada bocado, sabiendo que, a través de su cocina, mantenía viva la esencia de su hogar y sus raíces.






Comentarios
Publicar un comentario