La primera compra grande


 


Recuerdo aquel día en IKEA como el inicio de un nuevo capítulo: el amueblamiento de mi apartamento. Fui acompañado de mi comadre Yaíma, cuya compañía hacía todo más fácil y divertido. Entre los pasillos familiares, recorríamos los muebles y utensilios con la intención de transformar mi espacio en algo acogedor y funcional.


Ella, generosa como siempre, me obsequió dos butacones, una mesa de centro y algunos utensilios de cocina. Mientras yo me dedicaba a ensamblar los butacones, Yaíma se puso a reorganizar los muebles que ya tenía: un multi mueble que acomodaba mis libros, mi bar y mis discos compactos. Poco a poco, cada objeto encontraba su lugar, y cuando terminé de colocar la TV sobre el multi mueble, sentí que el apartamento empezaba a sentirse como un verdadero hogar.


Ese día no se trató solo de comprar muebles; fue un proceso de ordenar, ensamblar y dar forma a un espacio que reflejara mi vida, mis gustos y mis recuerdos, con la compañía de alguien que sabe convertir lo cotidiano en alegría.



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