Perspectiva climática


 

Viví más de tres décadas en Cuba, bajo un clima tropical donde el verano parecía extenderse los 365 días del año. Me acostumbré al calor, a la humedad y a esas lluvias repentinas de mayo que refrescaban el ambiente.


Hoy, después de veinte años en Estocolmo, con un clima opuesto —frío casi permanente y veranos breves— me sorprendí a mí mismo quejándome del calor. Incluso pensé que preferiría una temperatura más fresca, simplemente para no sudar. Me resultó curioso: ¿cómo es posible que alguien que creció bajo el sol del Caribe llegue a sentir que el calor es incómodo?


La respuesta está en la adaptación. El cuerpo, y quizás más aún la mente, terminan ajustándose al entorno, aunque a veces ese proceso tarde años. Lo que antes era mi normalidad, hoy me resulta pesado; lo que antes era extraño, hoy me resulta natural.


Al final, creo que debería agradecer incluso esos días cálidos que me incomodan. Son parte del contraste que da sentido a las estaciones, y también un recordatorio de la increíble capacidad que tenemos para cambiar con el lugar donde vivimos.


Comentarios

Entradas populares