Lista de espera










Lista de espera


Había reservado mi viaje con suficiente antelación. Quería prolongar mi verano, porque en Estocolmo ya soplaban los vientos otoñales y las temperaturas comenzaban a sentirse más frescas.


El vuelo estaba confirmado. Sin embargo, olvidé realizar el chequeo a tiempo. Quizás esa omisión fue la que terminó colocándome en la lista de espera.



Traté de hacer el registro de camino al aeropuerto, pero el sistema no me permitía asegurar la primera parte del viaje. Insistí varias veces, hasta que al fin apareció una tarjeta de embarque: era la segunda parte del trayecto, aunque marcada con las iniciales WL (waiting list). Una pequeña victoria, pero aún insuficiente.


El primer tramo seguía sin aparecer. Volví a intentarlo una y otra vez hasta que, finalmente, conseguí la tarjeta con asiento asignado. Al menos esa parte ya estaba asegurada. La segunda, en cambio, seguía siendo una incógnita.


En lista de espera, sin asiento confirmado, existía la posibilidad real de que me negaran subir al avión. Me planté frente a la puerta de embarque. Conversé varias veces con el personal, que me aseguraba que me llamarían. Nunca lo hicieron.

El embarque comenzó y mi inquietud se transformó en verdadera preocupación. Mostré mi tarjeta sin asiento a otra empleada en la mesa de embarque. Ella buscó mi nombre, tecleó algunas combinaciones, y al cabo de unos segundos me extendió una nueva tarjeta.


Ahora sí. Asiento 36A.


Mientras escribo, el enorme avión ya rueda por la pista. El viaje ha comenzado.


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