Desde mi balcón

 



Techos de guano a modo de parasoles, Árboles de los viajeros se elevan más arriba de los 25 metros y le dan un toque especial a la vista que tengo ante mis ojos desde el segundo piso del hotel Riviera del Sol en Playa del Carmen.

El desayuno, ligero, forma parte de un pasado reciente y solo recordable por lo poco variado : melón de Castilla, papaya y piña cortadas en rodajas, un vaso de jugo de naranja natural y otro de leche endulzada con mermelada de fresas, dos tostadas de textura blanda .

Mi brazo descansa sobre la barandilla del

balcón . 

La brisa y el sol tienen una disputa de sensaciones sobre mi piel .

Yo, vistiendo un short de color blanco, sin camisas y en chancletas escribiendo motivado por mi disfrute de una mañana llena de sonidos naturales: el viento que susurra, los pájaros que cantan en diferentes tonos, los humanos haciendo sus ruidos justificativos del progreso construyendo y/o reparando. Son las 08:59 de la mañana del trigésimo día c del tercer mes de este año veintiséis , dos mil años después.





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