Mi madre …en inglés

 









Mi madre tenía un amigo al que le decían “Barquín”.  

O al menos eso era lo que yo escuchaba.


Cada vez que se encontraban, ocurría algo que a mí me parecía extraordinario.


Ella:

—Hello! How are you?


Él:

—Fine. And you?


Ella:

—Very well, thank you…  

—How do you do?


Y ahí, más o menos, terminaba el intercambio.  

O quizás no. Quizás seguían hablando. Pero hasta ahí llegaba mi atención… y mi comprensión.


Yo estaba en la escuela primaria y no entendía una sola palabra de inglés.  

Aun así, aquello me fascinaba.


No era solo el idioma.  

Era mi madre.


Verla moverse con naturalidad en otra lengua, como si cruzara una puerta invisible, despertaba en mí una admiración silenciosa. Me hacía sentir orgulloso sin saber exactamente por qué.


“Barquín” era un personaje en sí mismo.  

Jaba’o, pelo afro, un bigotito finito. Flaco, desgarbado, con algo de estrafalario. Pero tenía una presencia que no pasaba desapercibida.


Y entre los dos, en medio de aquella cotidianidad tan nuestra, aparecía ese pequeño teatro en inglés.  

Un saludo que no era solo un saludo, sino una ventana.


Hoy lo recuerdo y sonrío.  

Porque, sin saberlo, en aquellos intercambios torpes y breves, también se estaba colando el mundo.

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