Las vacaciones
Las vacaciones son una realidad alternativa momentánea
Despierto sin alarma.
Y ya eso, por sí solo, lo cambia todo.
El tiempo no me empuja, no me persigue, no me exige.
Está ahí… abierto, disponible, casi dócil.
Salgo al balcón.
El aire tiene otra textura.
No sé si es el Caribe, el calor o simplemente que hoy no tengo prisa,
pero respiro distinto.
Las vacaciones son eso:
una realidad alternativa momentánea.
No porque el mundo haya cambiado,
sino porque yo dejo de correr dentro de él.
El café no es un trámite.
El camino no es un medio.
El mar no es un paisaje… es un llamado.
Entro al agua y todo se vuelve más claro.
El ruido desaparece.
Quedo yo, la respiración, y ese silencio azul que no juzga, no pide, no apura.
Pienso en lo lejos que queda todo lo demás.
No en kilómetros… en peso.
Aquí, las horas no se gastan, se viven.
Los pensamientos no se atropellan, se acomodan.
Y entonces entiendo:
no es que haya escapado de mi vida,
es que por unos días estoy viviendo una versión más ligera de ella.
Una donde soy más yo.
Pero lo sé…
es momentánea.
Y quizás por eso es tan intensa, tan necesaria, tan inolvidable.
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