Humareda
Todos fumaban activamente.
Yo era la excepción, un fumador pasivo.
Recuerdo a mis padres siempre con un cigarro encendido en la mano o en la boca.
Las bocanadas de humo iban y venían, y desde niño aspiraba los desechos químicos que me rodeaban, impregnándose en mi ropa, en mi piel y en las paredes de mis pulmones.
Muchos de nuestros visitantes, ya fueran amigos, conocidos o incluso familiares, también fumaban. Décadas después de aquel embate de humo y nicotina, me mantengo sin fumar activamente.




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