Mientras Mallorca duerme

 Fue en el 2011, cuando a falta de qué hacer cuando mis anfitriones dormían a pierna suelta y ronquidos sonoros, empecé a caminar por las calles y avenidas de Mallorca.


Curiosamente fue una mallorquina, que a la sazón era mi entrenadora personal y con la que intercambiaba servicios ( bailes afrocubanos versus entrenamientos personalizados …. tema para otro relato-recuerdo-memoria ), la que en Estocolmo me impulsó a aquello de, en un inicio veinte minutos , le incorporase a mis rutinas de actividades físicas al aire libre el caminar.


De vuelta a las Islas Baleares, a Palma de Mallorca…. en tiempo de relato.


Las seis de la mañana, se me hacía tarde para salir a caminar.


Ya el sol se empinaba sobre el horizonte y empezaba a iluminar los pisos superiores de los edificios altos.




Palma de Mallorca, ciudad que se acuesta (¿?) temprano en la madrugada del día siguiente, aún yacía rendida ante el influjo de Morfeo.


Yo, rebelde, caminaba por Avenida Magallanes, Paseo Marítimo, el Portixol, Ciudad Jardín y el tope fue el llegar a las áreas del aeropuerto.


La brisa marina me saludaba, fresca, agradable, hermosa, a veces con olor a mar otras con olor a vida marina.




Veinticuatro kilómetros entre la ida y el regreso, dejaron su huella en mis pies.

Comentarios

Entradas populares