Personaje enigmático

Mario, amigo de mi padre,  de tez blanca, elegante en el vestir y en el calzar, de apellido Ponce, inseparable de su nombre al hacerse mención a tal singular individuo.


Respetable y respetuoso, de voz profunda, medio ronca, pero que te calaba  el alma… y los huesos hasta el tuétano.

Ojos azules que conservaban la vivacidad de un ser inteligente.

 Pelo blanco, con entradas pronunciadas, premonición de una calvicie inminente pero que nunca vi. 


Nariz afinada. Andar y hablar despacio era su sello distintivo.



Cuando nos conocimos. yo era un niño y ya el venía bajando la cuesta de los cincuenta.


Nunca me preocupé ni ocupé sobre la calidad o el tipo de relación que tenía con mi progenitor.


Para mi, Mario Ponce, el amigo de mi padre, siempre fue un enigma.





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