“Amanecer de Sabores:

 Eran las 07:30 de la mañana del 10 de diciembre de 2024. Afuera, en Tumba, Estocolmo, el termómetro marcaba menos 8 grados, una temperatura que cortaría la piel si no estuviera resguardado en mi apartamento. 

Vivo en el séptimo piso de mi edificio, donde los rayos del sol, débiles pero persistentes, lograban colarse por la ventana de mi cuarto y se reflejaban en la sala, llenando la cocina de una luz cálida y reconfortante. En ese contraste entre el frío exterior y la calidez interior, decidí preparar mi desayuno.


Abrí la nevera con decisión y comencé a sacar los ingredientes: brócoli, pimientos, zanahorias, pepino, cebolla amarilla y, por supuesto, un trozo de col morada que esperaba su turno para dar vida al plato. Sobre la encimera coloqué también un pedazo de jengibre fresco y los huevos, mientras pensaba en cómo convertir todos esos colores en una obra maestra culinaria.



Corté el brócoli en pequeños ramilletes y los pimientos en tiras finas, cada color brillando como si se tratara de una paleta de artista. La col morada, con su vibrante tono púrpura, fue el toque final al montaje de ingredientes. Corté también un poco de jengibre en finos trozos, disfrutando de su aroma fresco y picante que comenzó a llenar la cocina.

Mientras tanto calentaba una sartén para preparar mi tortilla. Batí los huevos con precisión, añadiendo un poco de sal y pimienta. En la sartén caliente, coloqué primero unos trozos de pollo desmenuzado, embutido y un poco de cebolla que chisporrotearon al instante, liberando un aroma irresistible. Vertí los huevos batidos sobre ellos y dejé que la magia sucediera.


Mientras la tortilla se cocinaba, monté la ensalada. Mezclé el brócoli, los pimientos, la col, las zanahorias y el pepino en un tazón grande, rociándolos con dos cucharadas de aceite de oliva que les daban un brillo apetitoso. Acomodé la tortilla junto a la ensalada en el plato y me detuve un momento a apreciar el resultado: un arcoíris en la mesa.


No podía faltar algo para beber. En la licuadora añadí mango, plátano, un toque de jengibre fresco, cúrcuma y una medida de creatina. En pocos segundos, el batido estaba listo, con una textura suave y un aroma tropical que transportaba mi mente a climas cálidos, tan diferentes al que veía por la ventana.


Con mi desayuno servido, me senté junto a la ventana, viendo cómo la luz del sol comenzaba a derretir lentamente las heladas acumuladas en los cristales. Aunque fuera hacía frío, en mi hogar reinaba una calidez que no solo provenía de la calefacción, sino también de la satisfacción de haber creado algo delicioso y saludable para comenzar el día.

Comentarios

Entradas populares