Viajero 2.0.2.4.
Un rincón entre Finlandia y Suecia
Comencé el año explorando Åland, una isla que, aunque pertenece a Finlandia, tiene profundas conexiones con Suecia. La mezcla de culturas me fascinó. Caminando por sus senderos y observando el horizonte donde el mar parecía infinito, sentí esa tranquilidad que solo los lugares poco conocidos pueden ofrecer. Fue el comienzo perfecto para lo que se convertiría en un año lleno de movimiento.
Buceando en las profundidades de Dubái
Luego, vino Dubái. Si hay un lugar donde lo imposible parece posible, es este. Mi misión principal: bucear en Deep Dive Dubai, la piscina más profunda del mundo. Descender en ese abismo artificial fue como entrar a otro universo.
Pero Dubái no se quedó ahí. Me monté en un camello bajo el sol abrasador del desierto, tripulé un jeep por las dunas (¡adrenalina pura!) y luego, en un cambio radical, caminé entre colores y aromas en el Dubai Miracle Garden, un lugar que parecía sacado de un cuento de hadas.
Para rematar, tuve la oportunidad de participar en la Feria de Arte de Dubái, donde el lujo y la creatividad iban de la mano. Dubái fue intensidad y maravilla, todo en un paquete perfectamente deslumbrante.
Salsa y reencuentros
En marzo, cambié la arena del desierto por el calor de la pista de baile en el Festival de Salsa de Drammen, Noruega. Ahí, con los ritmos latinos como protagonistas, me sentí en casa, rodeado de amigos y colegas que comparten mi amor por la música y el movimiento.
En junio, el destino fue Valencia, donde los reencuentros con viejos amigos llenaron el viaje de risas y nostalgia. Caminar por sus calles y compartir historias de tiempos pasados me recordó que, a pesar de las distancias y los años, las conexiones verdaderas siempre se mantienen.
Cuban Camp y una década después en Italia
En julio, volví al Cuban Camp en Dinamarca, un evento que es casi una tradición en mi calendario. Es un festival que combina cultura, baile y comunidad, y ya llevo más de 14 años participando. Cada vez es diferente, pero siempre mágico.
Después de eso, un salto a Italia, un lugar que no visitaba desde hacía diez años. Génova me recibió con sus playas y, lo más especial, con mis hijos y su madre. Fue un viaje lleno de momentos familiares. Ver a mi hija obtener su certificado como Snorkel Diver y Explorer Diver fue, sin duda, uno de los momentos más emocionantes del año. Unos días después, en Samos, Grecia, mi hijo Leandro logró el mismo certificado. Estar ahí para celebrar sus logros en dos escenarios tan distintos fue un privilegio que no olvidaré.
Conciertos y un salto a Estonia
En septiembre, regresé a Dinamarca, esta vez para un concierto de salsa. Fue una invitación especial, y aunque ya conozco bien el país, cada viaje trae nuevas conexiones y experiencias.
En noviembre, hice una breve pero fascinante escapada a Tallin, Estonia. Sus calles empedradas y su aire medieval me transportaron a otro tiempo, un contraste total con los rascacielos de Dubái o las playas de Italia. Fue como cerrar el año de viajes con un toque histórico, aunque aún no sé si será mi última salida del 2024. Quedan planes en el aire, y yo, como siempre, estoy listo para dejarme llevar.
Un año de movimiento
Este año me recordó lo afortunado que soy de poder explorar el mundo, descubrir nuevos lugares y compartir experiencias con personas que hacen cada viaje único. Desde las profundidades de Dubái hasta las playas de Grecia, cada destino fue un capítulo de una historia que todavía se está escribiendo. Y quién sabe, quizás el cierre del 2024 me reserve una sorpresa más. ¿Qué es la vida sino un viaje continuo?












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