Privilegios

 Estocolmo, Suecia, diciembre de 2024


El fin de semana comenzó con lo que más amo: el buceo. Era jueves por la noche, y, como siempre, no sentí que estaba trabajando. 

. Es más que una tarea; es diversión y, al mismo tiempo, una manera de retribuir a la vida todo lo que me ha dado. Cada inmersión es una conexión con un mundo que pocos tienen la suerte de explorar.




El viernes trajo consigo un cambio de ritmo. La mañana comenzó con una conferencia interesante, pero lo que realmente marcó el día fue el almuerzo navideño con mis colegas. El ambiente estaba lleno de risas, platos deliciosos y ese espíritu de camaradería que florece en esta época del año. 



Por la noche, un encuentro de coctelería con amigos cerró el día con el sabor perfecto. Probamos nuevas combinaciones, compartimos historias y brindamos por los momentos que hacen que esta vida sea especial.





El sábado fue el día que me reconectó con algo profundo. Asistí a un concierto de Navidad en una iglesia, y las voces del coro, el eco de los villancicos y la luz cálida de las velas me llevaron de vuelta a mi infancia en La Habana. Fue un momento para recordar el verdadero sentido de la Navidad: el nacimiento del niño Jesús. Mientras las melodías llenaban el aire, me sentí agradecido por la vida, por los recuerdos y por todo lo que aún está por venir.



El domingo fue un día lleno de actividades con Leandro, mi hijo. Decidí llevarlo junto a su mejor amigo a mi trabajo. En la piscina, los niños se divirtieron anotando vueltas, nadando y jugando mientras yo los supervisaba. Después, experimentaron algo nuevo: la sauna. Fue curioso verlos entrar y salir con esa mezcla de emoción y sorpresa. Más tarde, pasamos al gimnasio, donde los guié en algunos ejercicios ligeros. Terminamos observando un torneo de ping pong que captó su atención durante un rato. 



La tarde cerró con un clásico: hamburguesas en McDonald’s, donde las risas y las anécdotas de las aventuras del día llenaron la conversación.


Por la noche, llegó el broche de oro del fin de semana. Fui al cine a ver Gladiador II en Filmstaden, en el Mall of Scandinavia. La sala estaba llena, y el ambiente era electrizante. La película superó mis expectativas; Denzel Washington como el villano le dio un toque oscuro e imponente a la historia. Con mi cubeta de palomitas en las manos, me dejé llevar por la épica narrativa y los recuerdos de la primera película.



Mientras regresaba a casa bajo las luces navideñas de Estocolmo, reflexioné sobre lo afortunado que soy. Cada instante del fin de semana, desde las inmersiones nocturnas hasta las risas de los niños y los villancicos, había sido un recordatorio de lo que realmente importa: vivir el momento, compartir con los seres queridos y dejar que el espíritu de la Navidad nos envuelva con su magia.



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