Mi madre en Estocolmo.
Coincidentemente mientras muchos en Cuba habían estado escuchando (¿?) un mega discurso de lo mismo durante horas; mi madre llegaba a Estocolmo.
Verano, julio, 26 . Año 2010.
Yeya vino a visitarme, ver, sentir, palpar, la ciudad a la que el más pequeño de sus hijos se había mudado de forma definitiva.
Recuerdo sus expresiones, comentarios y/o reacciones ante lo nuevo, lo « hace tiempo que no veía esto o aquello, lo otro o lo de más allá »
Sus ¡ « Ay mi’jo ….. »
Cerca de la casa donde vivía desde que llegué, había un mini mercado y le pedí que me acompañara a comprar algo de comida.
El contraste de antónimos entre una y otra realidad fue realmente impresionante:
poco-mucho
malo-bueno
escaso-abundante
nada-todo
Ante mi pregunta de
¿ Qué tipo de ….. quieres ?
Delegaba en mí la responsabilidad de decidir con un simple
« Ay mi’ jo yo no sé, es que hay tanto y de todo »
Su estancia entre julio y octubre de ese año fue intensa en todos los sentidos.
Casi al final de su visita le hice la pregunta de rigor
¿ Te quieres quedar a vivir aquí conmigo ?
Días después llegaba a La Habana….. a sobrevivir lo mismo de lo de siempre.
Comprendía profundamente las razones de mi madre para regresar a Cuba, incluso antes de que ella tomara su decisión.
A veces, el arraigo y la conexión con el lugar de origen pesan más que las comodidades materiales o las oportunidades en otro lugar.







Entrañable...
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