Había que ir
en bicicleta a todas partes…..
La agudización de los problemas del maltrecho transporte urbano en la capital cubana ( y en todo el país ) nos obligó ( el desgobierno cubano ) a acudir a la opción del transporte en bicicleta.
Si el transporte en ciclo es por motivos personales, divertimento, entrenamiento, el asunto va bien….. pero era por motivos laborales y aquí es donde mirándolo desde mi actual perspectiva ( y en aquel entonces también) el asunto alcanzó ribetes bochornosos.
Finales de los años noventa, trabajando con la única profesión que ejercí en Cuba: Abogado; tenía que pedalear por toda La Habana entre tribunales, unidades de policía , establecimientos penitenciarios para poder cumplir con las responsabilidades derivadas de mi cargo : abogado defensor en asuntos penales o presentando demandas de divorcio u otros asuntos civiles.
En ocasiones , muchas, llevaba a Berthica Zulema Martiatu, Nené, mi hermanita al Tribunal Municipal Popular de San Miguel del Padrón , ubicado en la cima de una loma interminable. Allí ella presentaba alguna de mis demandas de divorcio.
Imaginemos La Habana de finales de los noventa durante el período especial, un escenario donde la crisis económica había mermado seriamente las opciones de transporte público.
Los ómnibus eran escasos y sus itinerarios impredecibles, lo que dejaba a muchos habaneros sin otra opción que recurrir a medios alternativos de transporte.
En este contexto, la bicicleta resurgió no solo como una reliquia del pasado, sino como una necesidad urgente y una solución práctica ante la escasez de combustible y repuestos para automóviles.
Las calles de La Habana, normalmente vibrantes y llenas de automóviles americanos de los años cincuenta, se transformaron en arterias principales para un nuevo tipo de tráfico: ciclistas.
Abogados, médicos, estudiantes y trabajadores de todas las profesiones, pedaleaban bajo el implacable sol caribeño.
La imagen de un abogado, vestido con su traje, desplazándose de un tribunal a otro en bicicleta, se convirtió en algo común pero no menos llamativo.
La bicicleta, un símbolo de resistencia y adaptación, llevaba a este abogado a través de la extensa capital, desde los tribunales en el corazón de la ciudad hasta unidades de policía y prisiones en los suburbios. Los trayectos no eran simples ni cómodos, erna un reto diario que exigía tanto fuerza física como determinación mental.
Esta nueva realidad de transporte en bicicleta no era solo una cuestión de logística; se trataba también de un cambio cultural profundo. La bicicleta, en este contexto, dejó de ser vista solo como un medio de recreación o deporte para convertirse en un vehículo esencial para la supervivencia laboral y personal.
A pesar de los desafíos, había una belleza en la simplicidad y la inmediatez de la bicicleta, ofreciendo a los habaneros una forma de mantener la autonomía y la movilidad en tiempos difíciles.
Así, en La Habana del período especial, el ciclismo emergió no solo como una solución pragmática a una crisis, sino como un emblema de la resiliencia y creatividad del pueblo cubano, adaptándose a las circunstancias con ingenio y coraje.






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