Mayo. Fuera de mi memoria.

 Metí las manos en la jaula llena de palomas … agarré una…..

Las dos patas del ave colgaban entre mis dedos que la sostenían levemente por temor a lastimarla .
Estuvimos juntos ella y yo; paloma y niño , muchas otras palomas y muchos otros niños durante un tiempo demasiado largo.



Me sudaban las manos, tenía sed, hambre, ganas de orinar y mucho más ganas de irme de allí, no quería ser parte de aquello.


Aquello consistía en que en un momento determinado alguien daría la orden de lanzar las palomas al aire y que ese vuelo fuera un símbolo de Paz.

No iba a ocurrir como cuando una paloma blanca se posó en el hombro de Camilo Cienfuegos. 
No ocurriría porque ya el héroe de Yaguajay había sido asesinado por órdenes de quien hablaba y hablaba y hablaba mientras mis manos sudaban, me dolían, se acalambraban, mi frente, sudaba, todo yo sudaba.


Yo era una pieza más en aquel juego de adultos, políticos y militares.
Era mayo, día internacional de los trabajadores y había desfile en la Plaza de la Revolución .


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