La cita
Sumergido en el latido de Estocolmo, me encontraba en T-Centralen, el corazón palpitante del metro, un laberinto de pasillos y multitudes donde cada salida prometía una aventura.
Aún saboreando la novedad de esta ciudad, el idioma y las sutilezas de las citas locales eran para mí un mapa sin descifrar.
“Nos vemos en el centro”, me habían dicho, una frase tan común como enigmática para un recién llegado.
Conocía apenas el inicio y el final de mi ruta cotidiana, pero ese día, el destino era el mismísimo núcleo de Estocolmo.
Al llegar a T-Centralen, el dilema surgió: ¿por cuál puerta partir hacia el encuentro?
En aquel momento, no supe elegir, un reflejo de mi aún limitada brújula urbana.Sin embargo, no había lugar para el pánico.
Un teléfono en mano se convirtió en mi puente hacia la solución; una llamada bastó para despejar el camino.
Al otro lado, una voz amiga guió mis pasos, y pronto, las piezas del día encajaron.
Nos encontramos, sellando el episodio con la certeza de que en las ciudades nuevas, cada pequeña victoria traza la ruta de pertenencia.





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