Transporte y aventura.
Cada viaje es una aventura.
Independientemente de su duración.Y a sea un trayecto corto o largo, siempre surgen momentos más emocionantes que otros, imprevistos o situaciones curiosas. Y el de hoy no fue la excepción.
Salí con tiempo suficiente, lo que me permitió disfrutar del proceso sin estrés, sin la presión de pensar que llegaría tarde a mi centro de trabajo. El punto culminante ocurrió en el segundo enlace que debo hacer entre un tren de corta distancia y otro más interno de la ciudad: el tren no estaba funcionando por problemas en las líneas.
Tuve que regresar a la estación original donde me había bajado, tomar otro tren hacia el centro de Estocolmo y, por decisión propia —porque perfectamente podía haberme quedado en esa estación—, salí a la calle. Caminé y disfruté de la brisa matutina, fresca, casi fría. Observé los rostros de los transeúntes: muchos lucían estresados, apurados por llegar al trabajo, probablemente porque habían salido con el tiempo justo.
El factor tiempo es muy importante.
Tomé el siguiente tren, o mejor dicho, el metro que en esta parte de la ciudad corre por fuera, elevado. Fue interesantísimo ver cómo la ciudad despertaba, cómo la gente se apresuraba —o no— para llegar a sus destinos.
Yo, en cambio, no tenía prisa. Había salido con el tiempo suficiente, así que disfruté plenamente de la aventura transportística de hoy, 14 de octubre de 2025, en la ciudad de Estocolmo, donde vivo.



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