Mis dos Habana
Escena 1: La Habana, 1958
La brisa del mar sopla suave al final de la tarde.
El cielo, encendido en tonos rosados y naranjas, se refleja en las aguas tranquilas que golpean con ritmo contra el muro del Malecón.
Coches brillantes —Cadillacs, Chevrolets y Buicks relucientes— pasan lentamente con música de bolero saliendo de las radios. Una pareja bien vestida camina de la mano: él con saco claro, ella con un vestido vaporoso que baila con el viento.
Más allá, un grupo de jóvenes ríe mientras toma batidos fríos en un quiosco. Huele a salitre, a perfume caro, a gasolina dulce de motor recién encendido. Se escucha a Benny Moré cantando desde un radio portátil:
🎶 “¡Bonito y sabroso …!”
Un taxista grita buscando clientes para llevar al cabaret Tropicana Club. Un grupo de pescadores conversa tranquilo en la esquina. Hay una Habana luminosa, llena de movimiento, turismo, dinero… y también zonas cercanas, invisibles para muchos, donde esa abundancia no llega.
Escena 2: La Habana, 2025
El mismo Malecón.
La brisa es igual, el mar igual de inquieto, pero la ciudad que la respira es otra.
Los edificios coloniales y modernos de antaño muestran grietas, pinturas desconchadas y ventanas improvisadas con tablas.
Los carros que pasan son pocos, la mayoría viejos almendrones remendados una y otra vez. No hay música de radio en cada esquina, pero se escucha reguetón a lo lejos desde un bafle improvisado en una bicicleta.
Una pareja joven camina con ropas sencillas y chancletas, tomando agua de una botella compartida. Muchos se sientan en el muro, no para presumir, sino para escapar un rato de la oscuridad de los apagones.
El olor a salitre se mezcla con el de aceite de motor quemado y la comida frita de una cafetería improvisada.
Un grupo de adolescentes graba con su celular para subir un video a TikTok mientras ríen y sueñan con irse.
A lo lejos, una anciana recuerda:
—“Esto antes era otra cosa, mijo… aquí venía todo el mundo bien vestío, como si fueran pa’ una fiesta”.
La ciudad ya no brilla como en 1958, pero la gente aún se ríe, canta y se inventa su forma de resistir. La Habana respira cansada, pero viva.
✨ Diferencia profunda:
- En 1958 el Malecón era símbolo de glamour, modernidad y fiesta.
- En 2025 es un lugar de desahogo, nostalgia y creatividad popular frente a la crisis.



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