Saúl y Saúl


 A ella la conocí mucho después que a su esposo. A él lo conocí primero, porque fue uno de mis alumnos, y nunca imaginé que las cosas fueran a tomar el rumbo que tomaron.

Ella siempre dice que al principio yo le caía mal… y probablemente tenga razón. Nos presentaron en una fiesta en casa de unos amigos; ella acababa de llegar de Cuba y yo la saludé de forma normal, sin mucha efusividad. Quizás fue eso, que no me comporté con el calor típico que solemos tener los cubanos cuando estamos fuera, y por eso me vio como un pesado.

Pero la vida da muchas vueltas. Con el tiempo empezamos a compartir más y la amistad se fue fortaleciendo. Ya yo era el padrino de su hija mayor, así que teníamos un vínculo bonito.

Un día me llama y me dice:

—Estoy embarazada, y cuando nazca el niño quiero preguntarte si estás de acuerdo en que le pongamos tu nombre. Ya lo hablé con mi esposo, y él está de acuerdo. ¿Y tú?


La verdad, me quedé sorprendido. No era solo volver a ser padrino, eso ya lo era. Lo que me tocó fue el gesto de que su segundo hijo llevara mi nombre. Eso sí fue especial. Un momento de esos que se quedan guardados.


Comentarios

Entradas populares