Antes de empezar a trabajar
Estoy sentado en uno de los bancos pintados de verde, hechos de madera y metal que están diseminados por la plaza de Vällingby, Estocolmo.
Son las 10:36 de una soleada mañana de septiembre de 2024.
La temperatura es agradable e inusualmente cálida para esta época del año, así y como dispongo de más de noventa minutos antes de empezar a trabajar aprovecho para disfrutar a plenitud de este regalo que en complicidad con la naturaleza me regalo.
A unos cincuenta metros de mi posición escucho el sonido del agua de una de las tres fuentes circulares que adornan la plaza. El surtidor de las fuentes es muy elemental: un chorro de agua que se eleva a casi dos metros y luego cae , así sin más , natural, no modificado por estructuras metálicas o de otra índole. Su sonido es una recreación, en mi criterio de los saltos de agua que la naturaleza tiene estratégicamente diseminados por todo el planeta.
Las aves cantan; unos señores arrojan migas a las palomas, pasan los transeúntes, visitantes eventuales del centro; la señora con su ropa tradicional empujando el coche con su bebo; una chica rubia caminando con su bicicleta
En el centro de la plaza varias carpas, donde indistintamente venden flores en una, productos del campo: frutas, vegetales, hortalizas, en la otra y en la tercera algunas prendas textiles.
La gente va y viene, llegando y trayendo, cargando , empujando, con pasos lentos algunos o más rápidos los otros.
La vida, fluye, una madre de piel negra, lleva a su bebé en el cargador sobre su pecho y al mismo tiempo va empujando su coche.
La vida palpita, escucho a mis espaldas el sonido de una motor de poco cubicaje.
La vida vibra y ofrece todo tipo de estímulo visual, auditivo, olfativo.
El cielo azul claro está moteado de hermosas nubes .
La vida…. que un par de jóvenes le dan un toque de nicotina con el humo de sus cigarros….






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