Ensamblaje y disfrute.

 Más allá del placer de comprar el producto, necesario, generalmente un mueble, lo más me motiva y atrae es el reto del ensamblaje.

Mi más reciente compra-reto-ensamblaje-disfrute del resultado fue una cama con gavetas en la parte inferior.

Las dimensiones: 120cm de ancho x200 cm de largo .

Llegó el camión que transportaba este y otros productos. Recibí los cuatro pesados paquetes que incluían un colchón , debidamente enrollado, lo subí todo a mi apartamento y empecé el hasta hoy mi mayor reto con un mueble de IKEA.



Así que ahí estaba yo, rodeado de un campo de batalla hecho de tablones, tornillos y una confusa mezcla de piezas que, en la foto de la caja, parecían fáciles de montar. La cama con gavetas, el proyecto que me tenía emocionado, estaba a punto de poner a prueba mi temple y mi paciencia.



Comencé con optimismo: destornillador en mano, piezas organizadas —bueno, más o menos—, y con un colchón enrollado que parecía una alfombra mágica esperando ser desplegada. Todo iba bien... hasta la página dos del manual de instrucciones. Ahí, IKEA me desafió de una manera que ni mi profesor de matemáticas había logrado. ¿Qué clase de jeroglíficos eran esos? Tornillos que no coincidían, piezas que tenían más agujeros de los esperados. Pero no iba a rendirme. ¡El manual sería mi guía, aunque fuera escrito por un poeta con inclinación por el surrealismo!

Avancé, ajustando y atornillando, hasta que llegó el gran momento: las gavetas. Si alguna vez has pensado que poner gavetas es cosa sencilla, permíteme desengañarte con cariño. Una de ellas parecía diseñada para esconderse en otra dimensión. Después de un intercambio diplomático de cinco minutos (es decir, una mezcla de suspiros profundos y palabras que no puedo repetir aquí), la gaveta y yo hicimos las paces.

Después de varias desatornilladas (y claro, unas cuantas equivocaciones estratégicamente corregidas), llegó la hora de colocar el colchón. Y ahí, lo desenrollé como si estuviera desplegando un pergamino antiguo. Y ¡boom!, la cama estaba lista. Cinco horas de pura satisfacción, sudor, y pequeñas victorias personales.


Así que, si alguna vez te ves con un reto IKEA entre manos, recuerda: no es solo el mueble lo que ensamblas, es tu paciencia, tu ingenio y, en mi caso, tu capacidad para hacer las paces con una gaveta rebelde. ¿Resultado final? Una cama estupenda y el glorioso placer de saber que, después de todo, el verdadero maestro del ensamblaje... eres tú.

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