Y mi barrio cambió
Con el paso de los años mi barrio cambió su aspecto, sus comercios mutaron a otros, quizás menos atractivos o más lucrativos ( para el gobierno)….. nosotros, los viboreños y los visitantes de tránsito nos resignamos al cambio fortuito, forzoso, impuesto y muchas veces no querido:
1. La cubanísima Guarapera : Este lugar era una institución de la cultura local, donde el zumo fresco de caña de azúcar traía consigo un sentido de identidad y tradición. La guarapera era un símbolo de la cubanía más autóctona, pero la escasez de caña transformó este rincón en una expendedora de frozen, una señal clara de la influencia de nuevos tiempos y gustos. El vibrante bullicio de los locales disfrutando de su guarapo fue reemplazado por un negocio que, aunque refrescante, ya no representaba la cultura agrícola y caribeña de antaño.
2. El Gran Cinema: Esta sala cinematográfica no solo proyectaba películas, sino sueños y escapatorias para los viboreños y visitantes. Desaparecer para dar lugar a un centro de entrenamiento del Circo Nacional de Cuba es una paradoja, un cambio de la fantasía cinematográfica a un arte más performativo y físico. Aunque el circo tiene un arraigo en la cultura cubana, el cierre del cine fue el ocaso de una era de entretenimiento comunitario que dejó un vacío en el corazón del vecindario.
3. La tienda mixta de productos cubanos: Un lugar de acceso a productos nacionales, que de repente se transformó en una tienda de Adidas, símbolo del consumismo internacional. Esta mutación no fue solo física, sino cultural. Lo que una vez era un espacio asequible y auténtico, pasó a ser una tienda inaccesible para muchos, reflejando el choque entre lo local y lo global. El fracaso de la tienda Adidas y su eventual conversión en otra "shopping" (tienda de productos importados) fue un ciclo de intentos por capitalizar en un mercado que no siempre resonaba con las necesidades del barrio.
4. La panadería: Aquella panadería que cada día alimentaba al barrio, con su aroma a pan fresco, se convirtió en un local más exclusivo de pastelería y refrigerios, orientado al turista o al extranjero con divisa. Lo que antes era un punto de encuentro vecinal se transformó en un espacio donde solo algunos podían permitirse los nuevos precios, alejándose del alma colectiva de la comunidad.
5. El local de la esquina: Tradicionalmente un pequeño mercado con productos del día a día, este espacio evolucionó hacia un mini mercado más moderno, eficiente, pero con menos sabor humano. Aquí, la familiaridad y los saludos casuales entre clientes y dependientes dieron paso a una transacción más fría y rápida, en un entorno más estéril y uniforme.
6. El bar del portal del Coppelita: El bar cercano al famoso Coppelita era una parada típica para los bebedores del barrio, un lugar donde se compartían conversaciones entre tragos. Su cierre, visto como una bendición para los abstemios y una maldición para los demás, reflejó también un cambio en las dinámicas sociales del barrio, donde los bares, con su energía vibrante, daban paso a espacios más neutros o comerciales.
7. Sylvain, la pastelería estilo francés: En medio de este barrio cubano, una pastelería de estilo francés, "Sylvain", representaba una ruptura con la tradición local. Aunque su elegancia y estética atrajeron a algunos, para otros simbolizaba la penetración de una cultura extranjera que se sentía ajena a las raíces locales. Era un lugar sofisticado, pero que contrastaba con la calidez de los negocios familiares de antaño.
8. El agromercado: El almacén de antaño, lleno de cajas y productos a granel, se convirtió en un agromercado, donde los productos agrícolas locales eran ahora el foco. Este cambio tenía un lado positivo, pues traía consigo un retorno a lo esencial, al producto de la tierra, pero también representaba un cambio en el tejido comercial del barrio.
9. El restaurante El Asia: La maltera, lugar donde se procesaban bebidas refrescantes tradicionales, cambió para convertirse en un restaurante de nombre exótico, "El Asia". Este cambio fue uno de los más radicales, ya que sustituyó un lugar donde los cubanos disfrutaban de bebidas tradicionales por un restaurante que traía sabores y nombres ajenos a la cotidianidad cubana.
La maltera sustituyó previamente a La Piloto, donde se expendía cerveza a granel y era escenario de frecuentes riñas y altercados
10. La estación de tranvías: Este es quizás el cambio más nostálgico. La estación de tranvías, con sus majestuosos corceles de hierro, representaba una era de transportes más visualmente encantadora, donde el ritmo del barrio era marcado por el sonido y el movimiento de los tranvías. Con el tiempo, estos fueron reemplazados por autobuses, más funcionales y eficientes, pero sin el encanto ni la magia visual de los tranvías antiguos. Este cambio no fue solo en la movilidad, sino en la pérdida de una parte de la identidad visual de la ciudad.
Cada uno de estos puntos refleja no solo un cambio en el paisaje físico, sino en la atmósfera y la cultura del barrio, un testimonio de cómo el tiempo y las políticas económicas pueden transformar hasta los rincones más entrañables de un lugar.
















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