Disyuntiva
Transcurrían los seis meses que faltaban para la conclusión del curso escolar 1984-1985. Era mi tercer y último año en el duodécimo grado del instituto preuniversitario, conocido popularmente como el Pre de la Víbora. Nosotros, los de doce, estábamos inmersos en el proceso de decidir qué carrera universitaria escoger.
Con el promedio escolar que tenía, podía acceder a las mejores opciones. Siempre quise estudiar Oceanografía, pero desafortunadamente no se ofrecía en las universidades del país. De todas las demás opciones, valoré dos: Medicina o Derecho.
Descarté la Medicina bajo el argumento de que «siempre aparecen nuevas enfermedades» y uno tiene que mantenerse estudiando constantemente para estar al día. Me inclinaba más hacia el Derecho, donde también descubrí que en el mundo profesional uno debe mantenerse aprendiendo y adaptándose.
Los primeros años en la profesión fueron solo una preparación para lo que serían catorce años más de ejercicio-estudio constante.






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