Agente infiltrado.
Una inmersión multilingüe
Todo sucedió durante unas vacaciones de buceo en Montenegro, junto con mi club de buceo sueco, con sede en Gävle. Lo curioso era el ambiente lingüístico que nos rodeaba: los chicos del club local —algunos de Montenegro, otros de Serbia— se comunicaban entre ellos en montenegrino, serbio o croata, a veces mezclando los tres como si fueran un solo idioma con diferentes acentos.
Para comunicarnos hablábamos entre nosotros en sueco, claro está, y con ellos en inglés.
Todo fluía como un coral multicolor de idiomas bajo el mismo mar.
Pero lo divertido vino cuando uno de los chicos —exagente de policía, nada menos— me comentó que su madre había sido profesora de ruso. Le respondí con una sonrisa:
—¡Я тоже говорю по-русски! (¡Yo también hablo ruso!)
Le solté un par de frases en su idioma… y él me entendió todo.
Entonces, mirando al resto del grupo, les soltó con tono conspirativo:
—Chicos, cuidado con Saúl. No solo habla inglés y sueco… también ruso. Así que no hablen ruso frente a mí, que los está escuchando.
Las carcajadas fueron inmediatas. El exagente me miró entre risas y dijo:
—¡Este sí que es espía internacional!
Desde ese momento, cada vez que alguien decía algo en otro idioma, todos giraban a mirarme como si tuviera un micrófono oculto bajo el neopreno. Entre burbujas, bromas y lenguas cruzadas, aquella inmersión fue mucho más profunda de lo que esperábamos.








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