El viajero de las orillas
Mis viajes no terminarán mientras mi cerebro conserve la chispa de un recuerdo.
No necesito pasaporte cuando viajo hacia dentro, a través de los aromas, las músicas, los rostros que mi memoria guarda como postales vivas.
Mientras respire y recuerde, seguiré recorriendo costas, callejuelas, mercados y horizontes.
Porque el verdadero viajero no se detiene: sueña, evoca, revive…
Y cuando ya no pueda moverme, cuando mis pies descansen, mi alma seguirá viajando por las orillas del tiempo.
Mis viajes terminarán cuando mi cerebro muera.
Mientras tenga vida y recuerdos, seguiré viajando.
No necesito pasaporte para recorrer los paisajes que mi memoria guarda: los aromas que me devuelven a una plaza al atardecer, una melodía que me lleva de nuevo a una calle, una plaza o un rostro que aparece como una postal viva.
Viajar no siempre es moverse; a veces es recordar, soñar, revivir.
Y mientras respire, seguiré recorriendo costas, callejuelas, mercados y horizontes, tanto del mundo como del alma.
Porque el verdadero viajero no se detiene nunca.
Y cuando mis pies ya no caminen y mis ojos se cierren, si algo de mí sobrevive en la memoria de otros, entonces, de alguna manera, seguiré viajando por las orillas del tiempo.




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