Veinte inviernos
Veinte inviernos y un alma caliente
20 años en Suecia – Abril 2005–2025
Querida Suecia:
Hace veinte años crucé el Atlántico con más preguntas que respuestas, con la piel aún tibia del trópico y el alma abierta al asombro. Llegué a ti sin promesas, pero con la esperanza intacta.
Gamla Enskede fue mi primera orilla. Y luego Bruket, allá en Nynäshamn, me enseñó el silencio de la nieve cayendo. Me recibiste con una sorpresa blanca y fría, como una caricia desconocida: distinta, pero no hostil.
No entendía nada de tus palabras al principio, pero entendía tus gestos. Como los de Osvaldo, que me tendió unos guantes, un gorro y una bufanda cuando más los necesitaba. No era solo abrigo para el cuerpo, era calor humano.
Y un día, en un aula de SFI, me reí con todos. Había entendido el chiste.
Ese momento —breve para otros— fue un hito para mí. Supe que empezaba a habitarte, no solo a vivirte.
Fueron años de lucha, estudio, silencios y descubrimientos. A veces me sentí solo, pero nunca vacío. En el camino llegaron mis mayores tesoros: Carla y Leandro. Tus paisajes los vieron crecer, y mi corazón también. Ellos son la razón más luminosa de esta historia compartida.
Hoy, desde la altura de este séptimo piso con vista al bosque, te escribo estas líneas como quien se mira en un espejo de agua. Me reconozco. Me agradezco. Te agradezco.
Aquel Saúl que llegó en 2005 quisiera abrazarte ahora y decirte:
No te rindas. Lucha. Prepárate.
Todo lo que sueñas tiene forma, aunque ahora no la veas.
Gracias por estos veinte inviernos.
Gracias por haberme dejado florecer sin dejar de ser yo.
Porque aunque aquí todo cambie con las estaciones,
yo sigo siendo el mismo viajero
de las orillas del mundo
con alma caribeña
y corazón nórdico.












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