Desconcierto


 Abrí los ojos y todo estaba oscuro. Solo pude distinguir la silueta de unas enormes hojas cerca de mi rostro. Esforcé la vista tratando de reconocer el lugar donde me encontraba, pero solo veía más hojas de una planta gigantesca bajo la cual yacía, boca arriba, parcialmente inmóvil y con la mente nublada. Una conclusión me asaltó, empujándome hacia el pánico: “Estaba en el bosque”. Mi instinto de defensa y supervivencia se disparó.



Comencé a cuestionarme:


¿Cómo llegué aquí?

¿Dónde estoy?

¿Cómo puedo salir de aquí?


El esfuerzo mental despejó ligeramente mi confusión. Noté que la superficie bajo mí era demasiado suave para ser tierra… Giré la cabeza para examinar mejor el entorno y de repente todo cobró sentido, encontrando respuesta a todas mis preguntas.


Había llegado allí para dormir, pues era tarde en la noche o temprano en la madrugada y me encontraba ebrio. Estaba acostado en el sofá del salón en el apartamento de mi novia, ubicado en el segundo piso de la calle Santa Ana. No necesitaba preocuparme por cómo salir de allí, ya que no estaba perdido en un bosque. Las hojas que vi al despertar pertenecían a una gran planta de malanga ornamental junto al sofá.

Con la situación aclarada y la tranquilidad recuperada, volví a dormirme hasta la mañana siguiente.

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