¿Historia repetida ?
Hace cuarenta años asistía con bastante frecuencia a algo que nunca imaginé que reproduciría.
Indistintamente venían a la casa nuestros padrinos : Francisquito y Yayo.
Francisquito era el padrino de la otra hija de mi madre.
Yayo , mi padrino.
Ambos eran amigos de la familia y por supuesto que se conocían entre ellos.
Venían a saber de nosotros, los niños, a tener conversaciones de adultos y de vez en cuando a aleccionarnos.
Consejos de por vida recibí y agradezco….
« Los hombres no hablan »
Piedra angular del comportamiento masculino. Junto a este, respeto a todos
« Respeta pa’ que te respeten »
Caballerosidad y gentileza con las féminas.
« A las mujeres no se le pega »
Regla de oro, inviolable.
« No tomes lo que no es tuyo »
« Sé agradecido »
« Estudia para que seas alguien en la vida »
Honestidad, humildad, ayudar al prójimo, pensar en los demás .
« No hagas a otro lo que no te gusta que te hagan »
El torrente de excelentes consejos dio sus frutos y forman parte de mi código de conducta, de mi filosofía en la vida.
Gracias a mis padrinos, a mis mayores, a los adultos que coadyuvaron en mi educación.
¡A todos
G R A C I A S !
De ahijado me convertí en padrino. Las circunstancias espacio-temporales cambiaron drásticamente.
No es La Habana, estamos a cuentos de kilómetros, es otra cultura, otra forma de vivir la vida, pero la responsabilidad es idéntica.



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