«Deseo que al recibo….


 ….. de estas líneas te encuentres bien en compañía de familiares y amigos ….»

Así, era el archiconocido encabezamiento de las cartas hace unas cuatro décadas.

Pero más allá de lo poco original y reiterativo del inicio de las misivas de entonces, lo verdaderamente notorio  no era el mensaje/carta, sino el mensajero/cartero..

Entre carta y carta …..

En los años 70, el tiempo de entrega de una carta entre Puerto Rico y Cuba, así como entre Cuba y Estados Unidos, podría variar bastante debido a varios factores, incluyendo la política, las relaciones diplomáticas, la infraestructura postal y los métodos de transporte disponibles. Dado que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba estaban particularmente tensas durante esta época debido a la Guerra Fría, el embargo comercial y otras restricciones políticas, el envío de correspondencia podría haber enfrentado retrasos significativos o incluso restricciones completas en algunos períodos. A pesar de la proximidad geográfica, las cartas podrían haber tardado varias semanas o más en llegar, si es que llegaban.



Uniformado, gorra incluida, lo que más recuerdo era su enorme bolso de piel marrón atestado de cartas, de esperanzas, preguntas y respuestas, de noticias más o menos buenas, muy buenas o no tanto, de …

¿ Cómo están los niños ?

¿ Se portan bien ?

O

« Les voy a mandar un paquetito con alguien que va para allá »

Casi siempre llegaba.

Hubo uno que no llegó. Fue cuando se celebraron los Centroamericanos y del Caribe en la ciudad de San Juan Puerto Rico, en 1993.





Agustín Marquetti, jugador de béisbol del equipo nacional de Cuba, asistió a ese evento. Mis tíos lo contactaron porque son familia, sobre todo mi tío Gabriel Marquetti, también oriundo de Alquizar.

Pues bien mis tíos le entregaron a Agustín Marquetti, varios regalos para nosotros, incluida una grabadora de cassettes.

Los regalos nunca llegaron a nuestras manos ….

Quizás fue porque Agustín Marquetti era pelotero, no cartero…


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