Dominó en la Casa de la FEU,

 Los atardeceres en los jardines de la Casa Estudiantil Universitaria cobraban vida con un fenómeno espontáneo y diario: los vibrantes partidos de dominó. 



Estudiantes de diversas facultades convergían en este punto desde temprano en la tarde, manteniendo el juego vivo hasta que las puertas del centro se cerraban.

Fieles a su espíritu cubano, los jugadores no solo demostraban su destreza en el juego, sino que también se sumergían en una verdadera exhibición de camaradería. 

Entre risas y exclamaciones, elevaban sus voces, lanzaban desafíos a sus rivales y, sobre todo, disfrutaban genuinamente del momento. 

Era una experiencia que deleitaba los sentidos, un espectáculo visual y sonoro impregnado de la esencia cubana.

El dominó, más que un simple juego de mesa, es portador de una rica historia que se remonta a sus orígenes en China, alrededor de los siglos XII o XIII. Se dice que fue creado por un soldado o un noble para el emperador Hui Tsung, y desde allí, su fama se esparció por Asia y eventualmente por todo el globo.



 Aunque la versión cubana del juego difiere de la original, captura sin dudas la identidad y singularidad del espíritu cubano, transformando cada partida en una expresión de su rica cultura y tradición.

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