¿Pérez como Matías ?

 


Matías Pérez fue un aeronauta cubano de origen portugués que se hizo famoso por sus excursiones en globo en el siglo XIX. El 28 de junio de 1856, Pérez intentó un vuelo desde la Plaza de Marte en La Habana, Cuba, en un globo llamado "Ville de Paris". El objetivo del vuelo era cruzar el Golfo de México, pero desafortunadamente, Pérez desapareció durante este vuelo y nunca fue encontrado, convirtiendo su historia en una leyenda en la cultura cubana. La frase "Me fui como Matías Pérez" se hizo popular en Cuba, utilizada cuando alguien se va y no especifica cuándo regresará o si regresará, reflejando la naturaleza misteriosa y no resuelta del último viaje de Pérez.


De la historia real, conservaremos el apellido, pues mi primero es Pérez , como Matías y lo segundo el volar en globo aerostático.

Ciudad distante, océano Atlántico mediante, varios grados de latitud por encima de la zona subtropical donde se encuentra La Habana, seis horas de diferencia entre los husos horarios y dos siglos de tiempo entre ambos eventos.

Fue un regalo para tres, pero en la cesta que sería elevada por el globo, viajaríamos unos catorce « Matías Pérez ».

Hora de la cita, bien temprano en la mañana, pudimos apreciar todo el proceso de preparación de nuestro medio de transporte y del inflado inicial del globo .



Una vez erguido y listo para levantar el vuelo, se nos permitió abordar. Los sacos con arena acordonados a la cesta, mantenían toda la estructura en contacto con la tierra, más bien con el verde y basto césped del lugar.

No éramos los únicos aunque así lo sintiéramos. 

El último saco fue soltado , el conductor adicionó más potencia , la llama azul brotó con más fuerza y ruido, el gas se inflamó aún más y se hizo la « magia » ….



Nos separamos del suelo de Estocolmo y empezamos a disfrutar de la ciudad desde una perspectiva completamente distinta.

Viajamos durante varias horas a unos trescientos metros de altura y la experiencia es por mucho, más emocionante que la de sobrevolar en un avión comercial la ciudad antes del aterrizaje o luego del despegue.

Estocolmo se ofrecía enorme, abarcable con la mirada en 360 ° de ángulo de visión y hasta donde la agudeza visual lo permitiera.







Sus cientos de islas y sus aguas mostraban algunos secretos que a nivel del mar no son apreciables.

Era verano y algún que otro bañista matutino refrescaba su anatomía desnuda en lo que normalmente era su lugar secreto, no para nosotros que desde allá arriba lo visualizábamos .




Aterrizaje sin incidentes y siguiendo la tradición, brindamos con champán y fuimos ungidos con títulos nobiliarios de la zona de aterrizaje.


El Pérez del siglo XXI a diferencia de Matías, el del siglo XIX, regresó a tierra sano, salvo y muy satisfecho de la experiencia.

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