¿Dentista?

 Ya el diente estaba flojo. Era una especie de juego entre el dolor y el terminar con el dolor …. me incomodaba pero tenía que me doliera más al sacármelo.

La visita al dentista no era una opción. No lo ameritaba, era un diente « de leche » que más temprano que tarde acabaría cayéndose y siendo sustituido por uno de hueso, el definitivo.

Me amarré un cordel al diente y el otro extremo al picaporte de la puerta de la casa de mi madre en la barriada de mi infancia, juventud y parte de mi vida adulta.




Cerré la puerta decididamente y luego de un dolor intenso inicial vi con satisfacción que del otro extremo colgaba lo que durante muchos años formaba parte de mi dentadura.



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