El error
De mi padre aprendí a comer comidas con picante, o al menos a saber que existía. Mi gusto por los platos aderezados con chile se reafirmó con mis frecuentes visitas a México en la década de los años noventa.
En casa, tenía mi padre, una botella con distintos tipos de picantes, cortados y conservados en vinagre. Solo él se servía de aquel líquido de olor peculiar y que provocaba una reacción en las fosas nasales de tan solo olerlo .
El contenido de la botella se mantuvo casi intacto durante mucho tiempo y solo bajaba el nivel o cambiaba su composición cuando mi padre comía en casa.
Mi primera visita a México lo cambió todo. Mis hábitos alimenticios cambiaron bastante y comencé a consumir el picante de la botella de mi padre.
Al cabo de unos meses se había terminado. Me dediqué a reemplazar el antiguo por uno más fresco .
Conseguí con amigos distintos tipos de picante y empecé el proceso de corte en pequeños fragmentos de los frutos , le añadí cebolla, ajo, vinagre , aceite y un poco de sal.
Estaba muy entusiasmado cortando el picante cuando sentí la necesidad imperiosa de primera necesidad de ir al baño. Dejé el cuchillo sobre la mesa y salí casi corriendo. Solo quería terminar rápido para volver a mi faena.







Comentarios
Publicar un comentario