Mucho con poco

 Treinta centavos era el precio de la felicidad…

Cinco centavos el precio de la guagua pa’ la playa, veinte centavos para la taquilla donde guardar mis ropas y cinco centavos para la guagua de regreso.

Unas 

Un desayuno abundante a base de un buen trozo de pan de flauta, untado con mantequilla y un jarro (nada de vaso ) de leche endulzada con leche condensada garantizaban que aguantara hasta mi regreso.



Acostumbraba a ir con un short color mostaza, un pullover de rayas horizontales, de colores mostaza y marrón, unos tenis de corte bajo  marrones y una jabita de maya de color marrón.


Me despertaba temprano y luego de desayunar, me vestía en un santiamén, bajaba, cruzaba la calle y esperaba pocos minutos a que llegara la guagua de la ruta  cien.

De la primera hasta la última parada.

De La Víbora a Playa.

Unas cinco horas de baños y juegos en el mar eran suficientes para en cuanto regresaba hambriento, devorase lo que mi madre hubiese preparado .

Luego una siesta y por la tarde noche, televisión….




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