Lavar
La cocina de keroseno marca Pike tenía ambas hornillas encendidas. Llamas de color azul salían de sus quemadores y calentaban en principio el fondo y luego toda la superficie de sendos cubos de duro latón que cubiertos de agua con jabonadura proveniente de restos de jabón de lavar marca Batey, contenía en su interior sábanas, fundas y toallas. El agua estaba hirviendo y mi madre, con un madero, iba empujando hacia el fondo las prendas para que el proceso de lavado fuera homogéneo.
Era sábado en casa de mi madre, en La Víbora de mi Diez de Octubre, municipio de Ciudad de La Habana del país de donde vengo y al que hace años que no voy.
El resto de la ropa lo lavaba a mano, mi madre, yo…. era el ayudante .
La ropa sucia estaba remojada previamente en agua en las latas de diez litros que originalmente contenían aceite marca Gisol, pero fueron adaptadas para colectar agua para diferentes usos en el hogar.
El proceso de lavado ocurría en el latón o batea . El enorme recipiente de forma circular se llenaba de agua hasta un tercio de su capacidad. La ropa se restregaba en la tabla de lavar hasta que la suciedad desaparecía.
El ambiente estaba impregnado de olores y sonidos.
De un lado el olor de la ropa que estaba en agua hirviendo junto con el olor del jabón de lavar. Del otro lado el olor de la ropa que se iba lavando a mano.
Se escuchaba el crepitar de las llamas, el sonido de la ropa al restregarse en la tabla, o cuando ya concluído el proceso se exprimía para eliminar la mayor cantidad posible de jabón…. el agua que caía o con la que se enjuagaba la ropa…..
Y la música, siempre la música…. sonando en la radio.
Una vez que ya toda la ropa estaba lavada, ayudaba a mi madre a subir la ropa hasta la azotea para tenderla al sol para su secado.
Pese a haberse inventado hacía un par de décadas atrás, no teníamos acceso a una lavadora.
Había que lavar a mano.




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