La advertencia de mi madre.

Mi madre lo tenía bien calado 

« Ese no sirve, no es amigo tuyo»

« Lo que hace es aprovecharse de ti »

Yo me resistía a dar crédito y veracidad a lo que mi madre asegurada.

Creía que él era mi amigo.

Pero la vida me iba poniendo pruebas de las certezas de las afirmaciones de mi madre que solo con el tiempo pude verlas con claridad.

Prueba 1

Al regreso a la secundaria, luego de las vacaciones escolares, él se jactaba de haber estado disfrutando de un viaje en el yate de un general que era amigo de su padre.

Yo, previamente le había invitado a pasarse el día conmigo y disfrutar de la playa en Batabanó, a expensas de mi padre,

Yo lo  tenía en cuenta siempre, pero esto no era recíproco.

Prueba 2 

Él me utilizaba para que lo ayudase en la construcción de su casa. Dejé de ir a fiestas los fines de semanas por ir a realizar trabajos de construcción en su futura casa. Era durante todo el día. Desde por la mañana hasta por la  noche .


Prueba 3

Cuando yo estaba en la universidad lo invitaba a las fiestas que allí se organizaban, incluidas las de la Unión de Juristas de Cuba y yo lo costeaba todo, desde el taxi que tomábamos hasta el ron que bebíamos.




Prueba 4

Hubo un tiempo en el que él no estaba trabajando, había perdido su puesto laboral y durante seis meses iba todos los días 10 de cada mes y yo le daba de mi salario suficiente para cubrir sus necesidades y además íbamos al mercado y yo compraba comida para él y sus hijas de dos relaciones distintas.


La trampa final.


Fui el padrino de sus dos hijas. De dos relaciones diferentes/ dos familias/ dos casas.



Me fui de Cuba y al regresar, empecé a abrir los ojos:

Le invité a celebrar mi regreso con sus hijas, mis ahijadas. Sería en Matanzas, visitaríamos el criadero de cocodrilos y nos bañaríamos en Playa Girón. Seria en el mismo lugar que él me había comentado que había ido con los amigos poderosos de su padre.




Él tenía acceso a un automóvil. Le di dinero suficiente para que llenara el tanque de gasolina. 

Señales de alarma de que seguía aprovechándose de mi generosidad y mi bondad:

. El día señalado para la excursión me dijo que necesitaba llenar el depósito de gasolina del auto para poder llegar a Matanzas. Le di suficiente dinero, por segunda vez  para ello.

. Invitó a su sobrino, según él para que condujera el auto , porque nosotros íbamos a beber. Gasto adicional. Lo hizo sin contar conmigo.

. Invitó a su actual mujer. Yo no la conocía ni él nunca me comentó sobre ella. Tampoco me lo informó previamente.

Los gastos de alimentación del ( incluido un almuerzo en un restaurante de los llamados paladar donde comimos langostas y carne de cocodrilo , platillos nada baratos )los asumí yo, excepto un gasto de veinte pesos cubanos porque yo no llevaba conmigo moneda nacional.


El resto los pagué con CUP ( equivalente en dólares, según la tasa oficial impuesta por el gobierno)

Más señales de alarma 

. Estando en la playa me dijo que no tenía short para bañarse y que le gustaba el que yo llevaba.

El detonante.

Al regreso, él con su sobrino, sus dos hijas y su pareja seguirían para La Habana, mientras el resto de nosotros en el auto alquilado seguiríamos para Varadero a disfrutar del espectáculo del Cabaret Tropicana en el famoso balneario.

Me dijo, por tercera vez, que necesitaba, dinero para poder llegar a La Habana….

Le di veinte CUP ( veinte pesos convertibles )

Solamente gastó, en mi presencia, ocho pesos y se embolsilló los restantes doce pesos. Ni siquiera hizo un gesto para devolverme el cambio.

Yo le hubiera dicho « quédate con eso »

Ese acto fue la gota que colmó la copa y le dio sentido a todo lo que mi madre me había advertido cuando éramos adolescentes.

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