Las amigas de mi madre
Kika y Berta Ibarra eran dos de las amigas de mi madre.
Los domingos alternábamos las visitas a sus casas.
Kika vivía en el Vedado, última parada de la ruta 37 en
la calle Línea.
Una mulata que hacía tiempo había visto pasar sus mejores años. Rayaba en lo obeso y ocasionalmente usaba espejuelos oscuros dentro de la casa ( para ocultar sus ojos enrojecidos por la ingestión de bebidas alcohólicas).
Eran tardes aburridas, pues ellas dos hablaban de temas de adultos que yo ni comprendía, ni me interesaban, ni sabía .
El aburrimiento lo compensaba el poder apreciar una parte de la ciudad que pocas veces visitaba: El Vedado Tenis Club, la calle Línea con su incesante tráfico…
Otro tanto sucedía con las visitas a Berta Ibarra. Aburrimiento a granel garantizado hasta que la anfitriona nos llevaba a la Feria de la Juventud, muy cerca de su casa….
Berta era piel marrón-cobriza contrastaba con algunas verrugas en su rostro y sus espejuelos de gruesa armadura. Era una mujer alta, corpulenta, de voz medio chillona, pero muy amable conmigo.
Mi madre no nos acompañaba…..
Un buen día me di cuenta del por qué no lo hacía….











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