A punto de perder el avión.

 Era un día caluroso en La Habana, de esos en los que el sol parece querer freírte los pensamientos. 

Nosotros, decidimos escaparnos  de la rutina y pasar unas mini vacaciones en la Isla de la Juventud. 

La emoción era tanta que la celebración comenzó mucho antes de abordar el avión, ahí mismo en el aeropuerto, con cervezas Bucanero. Y no una ni dos, sino tantas que el concepto de “tiempo” empezó a desvanecerse entre carcajadas y brindis.


En nuestra mente, éramos los reyes del Caribe, dueños del mundo y del horario. Pero en algún lugar del universo paralelo que ocupábamos, olvidamos que había algo importante que hacer: abordar el avión. 

De pronto, una voz ronca y autoritaria resonó en los altavoces de la terminal:


“Atención, pasajeros del vuelo con destino a la Isla de la Juventud. Este es el último llamado. Embarquen inmediatamente.”


Las palabras cayeron como un baldazo de agua fría. Nos miramos con los ojos desorbitados y, por un segundo, todo quedó en silencio. Luego, como si alguien hubiera gritado “¡Acción!” en una comedia de enredos, comenzamos a correr. Las mochilas rebotaban, las chanclas volaban…

M



El chequeo de seguridad fue otro episodio digno de un programa de televisión. 

Entre risas nerviosas y una que otra mirada de reprobación, logramos pasar el control, pero no sin dejar un pequeño caos a nuestro paso.


Cuando llegamos a la puerta de embarque, jadeando como si hubiéramos corrido una maratón, la azafata nos miró con una mezcla de impaciencia y asombro.


—¿Ustedes son los pasajeros del último vuelo? —preguntó con tono sarcástico.


— La callada por respuesta.


Finalmente, subimos al avión, convertidos en los últimos pasajeros, bajo las miradas inquisitivas del resto de los viajeros. Mientras nos acomodábamos en nuestros asientos.


—¡Misión cumplida !


Y como si el universo quisiera darnos una lección, justo cuando el avión despegó, sentimos el peso de todas esas Bucanero. El resto del vuelo fue un juego entre quién llegaba primero al baño y quién podía mantenerse despierto.





Al aterrizar en la Isla de la Juventud, mientras bajábamos del avión con nuestras caras de culpabilidad orgullosa, pensé 






—Si estas vacaciones comienzan así, no quiero ni imaginar cómo van a terminar.


Y así fue como un simple vuelo nacional se convirtió en la primera aventura inolvidable de nuestras vacaciones.

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