La piscina esmeralda. Al natural



 Mi día en Emerald Pool: un chapuzón en el paraíso


Llegué a Emerald Pool con la emoción de un niño frente a un caramelo gigante. Apenas bajé del auto, el aire me recibió cargado de humedad y ese aroma inconfundible de selva tropical: una mezcla de tierra mojada, hojas frescas y un toque de misterio. El sendero que llevaba a la piscina estaba rodeado de una vegetación tan frondosa que, por un momento, sentí que estaba entrando en una catedral natural. Las ramas de los árboles se arqueaban como bóvedas, y la luz del sol se colaba en rayos que parecían bailar entre las hojas.





Mientras caminaba, me detuve a escuchar los sonidos del bosque. Era como una sinfonía sin director: las ranas cantaban como sopranos, los pájaros llevaban la melodía y el murmullo del agua a lo lejos era el compás. No podía evitar sonreír. Allí, hasta el silencio tenía vida.





De repente, el sendero me llevó a un claro, y ahí estaba Emerald Pool, tan brillante y mágica como su nombre promete. La cascada caía desde unos 12 metros de altura, formando un velo blanco que se deslizaba con elegancia por las rocas cubiertas de musgo. El agua era cristalina, con un toque verde esmeralda, como si la naturaleza hubiera vertido una gota de magia líquida. No me pude resistir: dejé mis cosas en una roca, me quité los zapatos y caminé hacia el borde del agua.





El primer contacto fue como un choque eléctrico… pero de los buenos. El agua estaba fresca, casi fría, pero en lugar de asustarme, me arrancó una carcajada. “¡Esto es un jacuzzi al revés!”, pensé mientras me sumergía. Flotando en el agua, miré hacia la cascada. El sonido era hipnótico, un rugido suave que parecía decir: “Relájate, todo está bien aquí”.






El entorno era simplemente perfecto. Los helechos que rodeaban la piscina parecían gigantes verdes salidos de otra época, y las rocas estaban cubiertas de musgo tan suave que daban ganas de usarlas como almohadas. Encima, el dosel del bosque era tan denso que apenas dejaba pasar unos rayos de sol que iluminaban el agua como si estuviera bajo un reflector natural. Fue entonces cuando me di cuenta de algo: estaba literalmente nadando en una obra de arte.


En un momento de inspiración —o locura— decidí acercarme a la cascada. “Voy a hacerme un masaje de la madre naturaleza”, me dije. Al acercarme, el agua comenzó a golpearme con fuerza. Era como si la cascada me estuviera diciendo: “Bienvenido, pero no te confíes”. Me quedé debajo de la corriente un rato, sintiendo cómo el agua golpeaba mis hombros. Salí de ahí como nuevo..


Después del baño, me senté en una roca plana para secarme al sol. Cerré los ojos y me dejé llevar por la mezcla de sonidos: el susurro del agua, el canto de los pájaros y el leve crujir de las hojas. Sentí una paz que no se encuentra en ningún lugar más que en la naturaleza. En ese momento, me di cuenta de lo pequeña que es nuestra vida comparada con la inmensidad de lugares como este.


Al final, mientras recogía mis cosas, me prometí que volvería. Emerald Pool no es solo un lugar; es una experiencia que queda grabada en el alma. Y, por supuesto, regresaría mejor preparado: con una toalla más grande. Pero eso sí, con la misma sonrisa de oreja a oreja y el corazón lleno de gratitud.



Comentarios

Entradas populares