Alojamiento tailandés
Mi primer viaje a Tailandia fue una experiencia inolvidable. Aunque el objetivo principal del viaje era bucear, siempre encontramos tiempo para admirar la belleza exótica de esta isla.
Del aeropuerto no recuerdo mucho, pero el trayecto hacia el hotel quedó grabado en mi memoria.
En el camino, observé uno que otro elefante paseando por las calles, algo que me pareció fascinante y completamente diferente a cualquier cosa que hubiera visto antes.
Al llegar al hotel, me impresionó lo peculiar de su diseño. La recepción, situada a la derecha según la dirección en la que veníamos, tenía una vista espectacular al mar. Era un lugar atípico, hermoso, con una arquitectura que integraba perfectamente el entorno tropical.
Las habitaciones, en cambio, estaban al otro lado de la carretera. Eran pequeños chalets situados en una colina, con un estilo encantador y único.
Había reservado una habitación para mí solo, y aunque la describiría como sencilla, entre comillas, no le faltaba comodidad ni amplitud. Desde mi ventana podía divisar un canal que ofrecía una vista impresionante del mar y del bosque que rodeaba el lugar. La conexión con la naturaleza era inmediata y envolvente. Cada noche, a la misma hora, el cielo se desbordaba en un aguacero tropical. Era algo curioso y casi ritual: lluvias torrenciales que refrescaban la atmósfera y le daban un toque aún más especial al lugar.
Cerca de nuestras habitaciones, había un gimnasio de Muay Thai. Era imposible no notar a los chicos entrenando con disciplina y fuerza. Uno de los integrantes de nuestro grupo, un suegro entusiasta, decidió unirse a ellos en una sesión. No puedo olvidar cómo, después de un intenso entrenamiento, terminó recibiendo un golpe que le dejó claro lo exigente de este arte marcial. A pesar de la anécdota, todos disfrutamos de observar el entrenamiento y aprender un poco sobre esta tradición tailandesa.
El hotel estaba ubicado a unos 6 o 7 kilómetros de Karon Beach, la playa más cercana. La zona era preciosa y completamente distinta a los hoteles y lugares a los que estaba acostumbrado. Cada detalle, desde la arquitectura hasta el paisaje, tenía un aire de serenidad y belleza que me hizo disfrutar cada momento del viaje. Este primer contacto con Tailandia fue un descubrimiento en muchos sentidos: su cultura, sus paisajes y hasta sus lluvias tropicales me dejaron un recuerdo imborrable.







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