Mallorca, el mar y yo
Normalmente, se asocia a Mallorca con el verano: baños en el mar, ir a la playa, disfrutar plenamente en la mayoría de los casos. Y sí, es cierto, pero en aquel año, 2013, todo fue diferente, al menos para mí.
Era el 4 de julio cuando me hice una fractura abierta en el dedo gordo del pie izquierdo. Me lesioné durante el intervalo de superficie , en lo que descansaba para realizar mi segunda inmersión .
A partir de ese momento, todo cambió. Tuvieron que operarme y me colocaron un clavo quirúrgico en el dedo. Entre las recomendaciones de los doctores estaba evitar bañarme en el mar, lo que transformó por completo el mes que había reservado para disfrutar en Mallorca.
Aunque fui a la playa casi a diario, no pude meterme al agua. Me limitaba a disfrutar de la naturaleza desde la orilla. Mis amigos jugaban voleibol, y mientras tanto, yo me sentaba en la arena, con el pie protegido contra el agua, una cerveza en la mano y viendo cómo se divertían. No podía unirme a ellos, pero encontré cierta satisfacción en esos momentos.
Por supuesto, lo que más lamenté fue no poder realizar inmersiones, que eran mi mayor anhelo. Sin embargo, pese a las limitaciones, creo que la experiencia tuvo un mayor porcentaje de aspectos positivos que negativos. La fractura del dedo y la movilidad reducida solo afectaron un mes de mi vida, con ciertas restricciones en actividades y movimientos.
Mallorca, el mar y yo tuvimos, en esa ocasión, una relación distinta. Aunque fue diferente a lo que había planeado, encontré una forma de disfrutarla, incluso con las circunstancias inesperadas.






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