Neufelder. Strauss. Tiburón.
Mi buceo en el Neufelder See: una experiencia de verano en Austria
Era verano de 2019 y mis ganas de bucear eran más altas que las montañas austriacas, aunque el Neufelder See estuviera apenas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar. Había escuchado cosas interesantes sobre ese lago, y la idea de sumergirme en sus aguas me parecía irresistible. Así que llegué al sitio con mi equipo listo y ese entusiasmo que me da cada vez que estoy por enfrentarme a un nuevo reto submarino.
El centro de buceo era pequeño, acogedor, y la gente allí era amable pero profesional. Me acerqué al mostrador, saludé con una sonrisa y entregué mis documentos. La pregunta de rigor no tardó en llegar:
—¿Vas a bucear solo?
—Sí —respondí con confianza, pero sabiendo que sería observado de cerca.
Y vaya que me observaron. Mientras montaba mi equipo con la precisión de quien ya ha pasado por esto unas cuantas veces, noté que uno de los instructores me echaba un ojo, como si quisiera asegurarse de que sabía lo que hacía. Y bueno, lo sabía. Después de unos minutos, al ver que todo estaba en orden, volvió a sus actividades, dejándome con mi pequeña misión.
El lago en sí era impresionante. Desde fuera, sus aguas tenían un color profundo y tranquilo que invitaba a sumergirse. Sabía que la profundidad máxima estaba entre los 15 y 20 metros, pero también que no era un lugar especialmente desafiante. Sin embargo, cada inmersión tiene su magia, y esta no sería la excepción.
Entré al agua y de inmediato noté la temperatura: mucho más agradable que las frías aguas escandinavas a las que estaba acostumbrado. Era como un abrazo tibio que me decía: “Bienvenido a Austria, disfruta”. La visibilidad no era perfecta, algo limitada, pero mucho mejor que lo que suelo encontrar en Escandinavia. Había suficiente claridad como para orientarme sin problemas y explorar con calma.
A los 5 metros, me encontré con una plataforma, probablemente el lugar favorito de los instructores para entrenar a los estudiantes de Open Water. Me imaginé a los principiantes practicando flotabilidad allí, nerviosos y emocionados por sus primeras experiencias bajo el agua. Pero yo no estaba aquí para quedarme en lo básico, así que seguí explorando.
A medida que bajaba más, a la izquierda y luego un poco a la derecha, me encontré con algo inesperado: una escultura del músico Johann Strauss. Allí estaba, el genio de los valses, inmortalizado bajo el agua. Me quedé unos segundos observándolo, con la ironía de que la música, en ese momento, era el silencio del lago y las burbujas de mi regulador. Fue como si Strauss estuviera dirigiendo un vals submarino, con los peces como su orquesta.
No muy lejos, a más profundidad, apareció otra sorpresa: una escultura de un tiburón blanco. Admito que me sacó una sonrisa. Aunque sabía que era una figura inofensiva, había algo emocionante en encontrarlo allí, como si el lago quisiera recordarme la grandeza y el misterio del océano, incluso en sus tranquilas aguas interiores
.
La inmersión fue tranquila, relajante, un verdadero contraste con las corrientes frías y la poca visibilidad de Suecia. El lago tenía algo especial, una serenidad que lo hacía único. Después de un rato, decidí regresar a la superficie, pero no sin sentir que había vivido algo digno de repetir.
De hecho, lo repetí. Volví al Neufelder See un par de veces más ese verano, explorando cada rincón y volviendo a saludar a Strauss y al tiburón blanco. Cada inmersión era un recordatorio de por qué amo bucear: por la conexión con el agua, con el silencio, y con esos pequeños detalles que hacen que cada sitio sea único.
El verano de 2019 en Austria me dejó muchos recuerdos, pero el Neufelder See se quedó conmigo como uno de esos lugares a los que siempre querré volver. Y quién sabe, tal vez Strauss todavía está allí esperando dirigir otro vals submarino para mí.







Comentarios
Publicar un comentario