El precio a pagar
El asfalto se calentaba a un extremo tal que quemaba los pies.
Salíamos de casa de una amiga de mi madre que vivía en el reparto náutico y solamente teníamos que cruzar la calle que separaba el Reparto , primero del complejo deportivo que estaba antes de El Club Náutico y después unos 100 metros por la acera.
Y llegamos al Club Náutico, conocido popularmente como El náutico.
No me importaba que se me quemase los pies, yo solamente quería bañarme en la playa.
No llevaba absolutamente nada, solamente traje de baño, descalzo, mi madre llevaba lo necesario para un día en la playa.
Y ya, era llegar, entrar, directo hacia la arena, y unos metros después el agua.
Y la felicidad plena que le produce a un niño, o al menos a mí, de poder bañarme en las tranquilas, claras y saladas aguas del mar Caribe de mi hermosa Cuba.






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