Mi primer guía de buceo.

 Mauricio era una de esas personas que parecía hecha para el agua. Su seguridad y destreza como buceador eran inigualables, pero lo que realmente lo hacía especial era su capacidad para transmitir confianza y calma a quienes lo rodeaban. De ascendencia chilena, su personalidad combinaba un agudo sentido del humor con una responsabilidad impecable cuando se trataba de inmersiones. Era conocido entre los buceadores por sus chistes ingeniosos y su actitud relajada fuera del agua, pero también por su profesionalismo y cuidado cuando llegaba el momento de explorar las profundidades.



La inmersión ocurrió en el archipiélago cercano a Nynäshamn, en la isla conocida como Törö, un lugar famoso por su rica biodiversidad submarina. Era una mañana fresca y tranquila, ideal para una excursión de buceo. Mauricio había sido designado como guía para un buceador recién certificado que iba a explorar aguas profundas por primera vez. El instructor de este último se acercó a Mauricio antes de la inmersión y, con una sonrisa, le dijo: “Llévalo con cuidado, es su primera vez en profundidad.” Mauricio asintió, devolviendo una sonrisa tranquilizadora, y le dio una palmada en el hombro al novato.


La inmersión comenzó de manera pausada, como todas las que lideraba Mauricio. Descendieron lentamente, permitiendo que los sentidos se ajustaran al cambio de presión y que la calma invadiera la mente. La claridad del agua era impresionante, y a medida que se acercaban a los 17 o 18 metros de profundidad, el paisaje submarino comenzó a desplegar su belleza única. Las algas marinas de la zona se mecían suavemente con la corriente, revelando colores inesperados bajo la luz filtrada del sol. Peces pequeños de tonalidades brillantes se deslizaban entre las algas, creando un espectáculo natural que parecía coreografiado.


Mauricio se mantenía siempre cerca, atento a cada movimiento, asegurándose de que su compañero estuviera cómodo y disfrutando de la experiencia. Hizo señales claras y constantes, guiándolo por un recorrido que permitía apreciar lo mejor del entorno sin aventurarse más allá de los límites seguros. A pesar de la calma y la serenidad del momento, la figura de Mauricio transmitía una sensación de control absoluto, un recordatorio de que estaba en buenas manos.



Cuando llegó el momento de ascender, lo hicieron con la misma tranquilidad con la que habían descendido. Ya en la superficie, mientras se retiraban los equipos y comentaban la experiencia, Mauricio retomó su papel de bromista. Con una sonrisa, le dijo al novato: “Bueno, sobreviviste, ya es un buen comienzo. Ahora puedes contarle a todos que viste las mejores algas de Suecia.” La risa compartida selló un recuerdo que quedaría grabado para siempre.


Aquella primera inmersión en profundidad no solo fue una experiencia inolvidable por los paisajes submarinos de Törö, sino también por la presencia de Mauricio, cuyo equilibrio perfecto entre humor y profesionalismo marcó un antes y un después en la aventura submarina de un buceador que recién comenzaba a descubrir la magia del mundo bajo el agua.


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