¿Canoso yo ?


 Desde hace más de dos décadas, llevo el orgullo de una cabeza rasurada, un estilo que adopté y que, con el tiempo, se ha convertido en mi marca personal. Y para ser sincero, después de tanto tiempo afeitándome, no tenía ni la más mínima idea de cómo luciría con cabello, mucho menos si me habían salido canas. Pero, como todo en la vida, hay momentos en los que la rutina se quiebra. Hubo una ocasión en la que, por pereza, descuido o simple flojera (ya ni recuerdo), dejé pasar más tiempo del habitual entre una afeitada y otra. Y ahí fue cuando llegó la sorpresa: ¡tenía pelos blancos en la cabeza! Sí, señores, me había estrenado como canoso sin darme cuenta. No recuerdo cuántos años tenía en aquel entonces, pero lo suficiente como para que las canas empezaran a reclamar su espacio. Digamos que fue un descubrimiento “iluminador”.


Pero la historia no termina ahí, porque lo de la barba fue aún más interesante. Recordé mis tiempos universitarios, esos años en los que, de vez en cuando, me daba por dejarme crecer la barba, moldearla y jugar con los estilos. En Cuba, a eso de diseñar la barba le llamamos “hacer un candado”, y no es cualquier cosa, es casi un arte. Así que, inspirado por aquellos recuerdos, decidí darle un giro a mi estética facial y dejarme un candado. Y fue entonces cuando me llevé una nueva sorpresa.


Resulta que en la parte superior del candado, es decir, el bigote, los pelos seguían firmes y negros como el azabache. Sin embargo, en la parte inferior, esa que rodea el mentón y la barbilla… ¡todo blanco! Como si alguien hubiera pintado con brocha las canas justo donde querían destacarse. El contraste era tan llamativo que no pasó desapercibido. De arriba negro, de abajo blanco, parecía que llevaba un diseño “bicolor” de lujo. La gente lo notaba, y algunos hasta lo celebraban con sonrisas y comentarios. ¿Que si me sentía especial? Bueno, un poquito, porque no todo el mundo puede presumir de una barba que combina juventud y sabiduría al mismo tiempo, ¿verdad?



Estuve usando ese look un buen tiempo, y la verdad es que me gustaba. Pero, como pasa con muchas cosas en la vida, llegó el momento de decirle adiós al candado. No fue por nada en particular, simplemente me dio por cambiar otra vez. Sin embargo, esa etapa quedó grabada como uno de esos momentos que, aunque parecen pequeños, te dejan un sabor interesante. Porque, al final, hasta el cabello (o la ausencia de él) tiene sus historias que contar.

Comentarios

Entradas populares