Primer escualo en Tailandia
El primer día de buceo en Tailandia ya prometía ser inolvidable desde el momento en que subimos al bote. El sol brillaba sobre las aguas cristalinas del mar de Andamán, y aunque algunos de mis compañeros seguían lidiando con las secuelas de la noche anterior, yo estaba listo y emocionado por lo que nos esperaba bajo la superficie.
Fui parte del primer grupo en saltar al agua, y tan pronto como nos sumergimos y comenzamos a descender, supe que este sería un buceo especial.
A unos pocos metros de profundidad, el azul se aclaró lo suficiente para revelar el arrecife lleno de vida. Peces de colores vibrantes nadaban a nuestro alrededor, pero lo que ocurrió después nos dejó boquiabiertos.
Ahí estaban. No uno, sino varios tiburones de arrecife de aleta blanca, moviéndose con una elegancia casi hipnótica. Al principio, uno apareció en la distancia, pero pronto otros dos se unieron, deslizándose con calma en un recorrido que parecía diseñado para impresionarnos. Se acercaron lo suficiente como para que sus aletas dorsales destacaran claramente, y pude ver sus formas estilizadas moviéndose con una gracia natural. Era la primera vez que veía tiburones en su hábitat natural, y la emoción era casi abrumadora.
Nos quedamos quietos, observando cómo pasaban frente a nosotros, casi como si supieran que éramos visitantes emocionados. Dieron un par de vueltas, investigando su territorio, y luego, tan rápido como llegaron, desaparecieron en la inmensidad azul. Fue un momento breve pero intenso, y sabía que habíamos presenciado algo especial.
Cuando volvimos al bote, mi cara debía reflejar la emoción que sentía, porque no dejaba de sonreír. Los del segundo grupo saltaron justo después de nosotros, pero no tuvieron la misma suerte. Los tiburones ya se habían ido, y sus caras de decepción contrastaban con nuestras miradas eufóricas mientras les contábamos la experiencia. Algunos bromearon sobre repetir el buceo solo para intentar verlos, pero yo sabía que esa primera inmersión ya se había convertido en una de esas memorias imborrables.
Fue un inicio espectacular para lo que sería una semana llena de aventuras submarinas en Tailandia. Pero esa primera visión de los tiburones de aleta blanca, moviéndose con calma y poder bajo el agua, quedó grabada como el momento perfecto que inauguró mi conexión con ese mar tan especial.





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