El chucho de Lanzarote
Una Inmersión Inolvidable en Lanzarote
Habíamos planificado esta inmersión con mucha anticipación. Nuestro grupo estaba formado por Mike, un experimentado instructor de buceo técnico; Annette Crawford, una amiga alemana apasionada por el mar; y yo, un cubano con una profunda conexión con el agua. Nos encontrábamos en las cristalinas aguas de Lanzarote, listos para explorar sus maravillas submarinas.
La inmersión transcurrió sin grandes sobresaltos. Aunque la vida marina parecía escasa ese día, la calma del entorno submarino tenía su propia magia. A medida que avanzábamos, disfrutábamos del paisaje: un fondo volcánico con estructuras que reflejaban la fuerza geológica de la isla. Estábamos a punto de finalizar nuestra inmersión, ascendiendo a unos 12 metros de profundidad para realizar la parada de seguridad, cuando sucedió algo inesperado.
Mike, quien lideraba el grupo, me señaló con entusiasmo hacia la derecha. Giré la cabeza y allí estaba: una imponente raya, o “chucho”, como suelen llamarla en estas aguas.
Su tamaño era impresionante; con sus aletas completamente extendidas, nadaba graciosamente pegada al fondo, como si fuera dueña del océano. Fue un momento mágico, casi irreal, como si el mar nos regalara una despedida especial antes de terminar la inmersión.
Impulsado por la emoción, comencé a seguirla. Aunque mis aleteos no podían igualar su elegante velocidad, logré capturar algunos fragmentos en video. Las imágenes muestran al chucho desde un costado y, finalmente, alejándose hacia las profundidades, con ese movimiento majestuoso que parecía desafiar la gravedad.
Annette también quedó maravillada, y al regresar a la superficie, no podíamos dejar de hablar del encuentro. “Fue breve, pero mágico”, comentó ella con una sonrisa, mientras Mike asentía, satisfecho de haber sido testigo de aquella aparición. Aunque la inmersión no había estado llena de vida marina, ese instante único transformó todo el día en una experiencia inolvidable.
Lanzarote, con su mar azul profundo y sus secretos escondidos, había vuelto a demostrar que siempre hay algo especial esperándonos bajo la superficie, incluso cuando menos lo esperamos.





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